El primer debate presidencial en Colombia, a escasos cuatro días de las elecciones de primera vuelta, no fue un espacio de encuentro de propuestas y diálogo sino de acusaciones cruzadas azuzadas por las dudosas actuaciones de algunas de las campañas en disputa.
Lastimosamente una vez más el modelo televisivo convirtió el momento vital de una sociedad democrática en un show de respuestas rápidas en el que a los presidenciables les resultaba más rentable tocar los puntos débiles de los otros que exponer las fortalezas propias. El minuto para cada intervención, o los treinta segundos de réplica, no fueron suficientes para una exposición siquiera superficial de lineamientos programáticos. Cuando no cabía lugar al ataque, la demagogia clásica fue regla. ¿Cómo puede alguien exponer una idea de gobierno en un minuto y que no sea calificada de populista su intervención?
La estructura de debate utilizado se asienta en un modelo publicitario de política en que lo importante es la sensación que se deja en el televidente. Agradar al público es la meta porque ese tipo de televisión necesita el espectáculo para facturar. En este orden de ideas, podría arriesgarme a decir que no es extraña la apatía que una contienda electoral basada en el entretenimiento y la publicidad produce en el electorado. Ni Zuluaga ni Ramirez enganchan más que El Patrón del mal. Santos o López no tienen el punch que las publicidades de Coca Cola. Es decir, la democracia no funciona si la venden como entretenimiento. Más bien, no funciona cuando la venden. Ver la campaña electoral es sentarse a ver una novela criolla con protagonistas feos que no se aprendieron el guión.
Es importante identificar el problema de la comunicación social en el país como la ausencia de un espacio público de debate y reconocimiento de lo propio en lo ajeno, como lugar de encuentro e intercambio simbólico que esté guiado por una agenda de país. En una sociedad tan televisiva como la nuestra y con tan poco recurso a la lectura, en la que los discursos tienden a ser lineales y de una sola vía, tal como el medio audiovisual lo determina por costos y naturaleza, una mayor pluralidad de canales de transmisión de la mano de mayor regulación a los existentes podría contribuir a dejar de ser esta patética democracia de papel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario